Acabando con un mito
Prof. Corina Hernández Novo

A pesar de los esfuerzos que se realizan en muchos países y en diferentes latitudes de nuestro planeta desde las posibilidades siempre crecientes de esta nuestra modernidad, lo cierto es que el desarrollo del hábito de la lectura en niños y jóvenes, y también en adultos, deja mucho que desear. Pareciera que una fuerza invisible actuara en contra del trabajo de maestros, bibliotecarios, editores, promotores culturales…
A veces pareciera también que se trata de un combate donde dos fuerzas contendientes luchan: una, por mantener para la lectura de libros el mismo lugar que le correspondió en el siglo XIX; otra, para negar incluso la existencia futura del libro. Pero, como siempre, como en todo, lo más razonable rechaza los polos.
Lo que sí resulta innegable es que, en la actualidad, no siempre se valora, la importancia que tiene la lectura, ni se considera justamente el papel que ocupa en la formación del individuo; muchas veces se busca su razón de ser solo en su condición de vía para acceder a determinadas informaciones.
La situación al respecto en Cuba no escapa a la generalidad, aunque los esfuerzos del país, del Estado, han sido y son mayúsculos. El esfuerzo mayor tiene que ver precisamente con el hecho de que es esta una nación en la que sus ciudadanos saben leer, tienen la posibilidad de leer. La producción de libros en Cuba es abundante y es muy fácil adquirirlos. Múltiples son las actividades de promoción del libro que se realizan, la Feria Internacional del Libro es una de las que descuellan y está entre las actividades culturales que con más beneplácito recibe la población.

Pero no se trata solamente de lo que pudiera denominarse aseguramientos materiales o promocionales. Se trata de que la lectura se convierta para cada individuo en una necesidad espiritual, más allá de la mera compra de libros. Y cuando se analizan las causas de la poca lectura, sobre todo por parte de los jóvenes, los avances en las tecnologías de la comunicación y la información aparecen entre las primeras; de ellas, se culpa fundamentalmente a la televisión.
Es un hecho cierto que la televisión es, de los medios masivos de comunicación, el que más ha dado qué hablar, el que más se ha criticado, al que más aristas negativas se le han visto. Pero es también, y quizás esto explique la avalancha de detractores, el que ha dominado el panorama de la información y la comunicación desde las últimas décadas de la centuria pasada. Se trata de un medio que, en opinión de muchos, puede sustituir la necesaria experiencia del encuentro con el libro. Se impone entonces hacer algunas consideraciones en torno a la lectura, a su permanente importancia y, con esta, a su permanente necesidad.
Una de las capacidades humanas más estudiadas a escala universal es la lectura, incluso desde una perspectiva interdisciplinar, debido a su marcada incidencia en la válida y verdadera formación del hombre como ser pensante. Las tendencias más actuales manejan el concepto de lectura en un sentido más amplio y en otro más restringido, según limiten o no el acto de leer al texto escrito. Así, en sentido amplio, el hombre lee desde el momento de su nacimiento, porque va descifrando el medio doméstico, natural y social en que le ha tocado vivir: lee el mundo. En sentido restringido, se lee el texto lingüístico, el texto escrito.
La lectura, en su concepción restringida al texto escrito, no es una facultad innata, a diferencia de otras facultades del hombre, como la de hablar, por ejemplo; ello condiciona esfuerzo por parte del sujeto que pretende leer. Pero sí surge como resultado de una capacidad humana: la escritura, como forma de conservar la memoria, de guardar los conocimientos, los descubrimientos, las alegrías, los sinsabores y todo el pensar y el sentir del hombre como ente social, en su devenir histórico.
En tal sentido la destacada poetisa cubana Fina García Manrruz expresó en una oportunidad, al ser entrevistada:
La lectura es como un sexto sentido. Si el hombre no hubiera inventado esos signos, se hubiera perdido la memoria cabal del pasado, su ciencia reciente, toda su poesía. La civilización retrocedería siglos. ¿Qué debemos a la lectura? El hombre no puede calcularlo.
Leer nos comunica con el mundo. La simple lectura matinal del
periódico niega la soledad. Enseña que nuestros problemas no sólo
son nuestros, que estamos ante un contexto mayor que nos modi-
fica y afecta. Leer no es solo aprender a conocer, es sobre todo
Como ocurre con cualquier hecho relevante, la importancia de la lectura viene dada por las funciones que cumple, tanto individual como socialmente. Es un lugar común decir que la lectura cumple tres funciones esenciales:
- Cognoscitiva: permite satisfacer la natural curiosidad y necesidad de información de los individuos, al tiempo que desarrolla el lenguaje y las habilidades para la comunicación.
- Instrumental: constituye una herramienta de aprendizaje y desarrolla las operaciones mentales.
- Afectiva: proporciona placer al satisfacer necesidades de tipo emocional, mejorar los sentimientos y enriquecer el mundo interior del lector.
Sin embargo, en un mundo dominado por los medios de comunicación masiva, fundamentalmente por la televisión y el video, pudiera pensarse, y no sería descabellado, que estos medios, con economía de tiempo y de esfuerzo, pudieran cumplir esas mismas funciones en tanto pueden aportar conocimientos, pueden ser herramientas para el aprendizaje y pueden ?aunque más reducidamente? ampliar las habilidades para la comunicación e incidir en la esfera emocional de la personalidad humana.
¿Qué justifica entonces el reclamo universal por incentivar el interés por la lectura? ¿Qué hace entonces de la lectura una experiencia única?
Se cuenta que el escritor argentino Jorge Luis Borges dijo alguna vez que “un libro es cosa entre las cosas”,[2] un objeto en un estante, algo que solo se convierte en lectura cuando un lector, un humano de carne y hueso lo selecciona, lo abre, lo lee, lo elige, lo posee y, finalmente, empantanado en el texto se olvida de su propia esencia y se entrega al juego apasionado de reescribir significados e ideas. En términos de Sartre, según se ha dicho, “el texto encuentra a su lector”[3] y en ese encuentro el reloj cambia sus distancias, uno se exilia de las urgencias cotidianas…
Y justamente en el rol protagónico que le corresponde al lector en el acto de la lectura; en esa experiencia singular, única e irrepetible que es la construcción de los significados de la lectura, radica su fuerza y su carácter imperecedero.
Se considera la lectura como un complejo proceso que requiere la mediación de otros individuos: la familia, que tiene la posibilidad inicial de estimular el interés por la lectura; la escuela, que incluso dota de las herramientas necesarias para poder acceder al acto de leer, y la sociedad en su conjunto, que interviene en la cantidad y la calidad de los mensajes a los que tiene acceso el lector y que determinan en buena medida su comportamiento ante el texto escrito.
La escuela cubana tiene entre sus propósitos incentivar, de manera gradual, el interés por la lectura en los educandos. Como se sabe, el empleo de la televisión con fines educativos se ha hecho cada vez más sistemático en los planes de estudios del país, lo que significa que este poderoso medio debe favorecer también la lectura de textos escritos.
Contrario a lo que piensan sus detractores, la televisión no termina con la lectura sino que puede enriquecerla y proporcionarle una nueva dimensión. En la era de los medios, las lecturas son variadas y complementarias: se leen libros, videos, programas de televisión, películas de cine, discos, textos gráficos, videojuegos, productos multimedia, páginas de Internet. Hoy día la información está disponible en diversos soportes, lo que hace necesaria una multiplicidad de lecturas, que a su vez requiere la competencia comunicativa que permita comprender el sentido de las imágenes y sus articulaciones con la lengua y el sonido en variados contextos discursivos.
Se sabe que la incorporación de nuevas tecnologías al proceso educativo no garantiza por sí misma la mayor eficacia didáctica ni una educación de mayor calidad y de repercusión social y cultural como estos tiempos reclaman. No obstante, es un hecho cierto que, bien empleadas, las nuevas tecnologías pueden hacer una contribución considerable al empeño de hacer que los estudiantes aprendan cada vez más y que traduzcan ese aprendizaje en modos de conducta deseables.
Sin que se pueda hacer aún conclusiones precisas ?sería hoy ilógico?, se puede afirmar que en lo que a la elevación del nivel cultural de los estudiantes se refiere el saldo se inclina hacia lo positivo; esto es ya innegable. Y un mayor conocimiento cultural busca nueva información cultural, para lo cual es imprescindible la lectura. Ese es el principal camino que recorre hoy el interés por la lectura a partir de las emisiones televisivas.
Se ha dicho que todo programa educativo ideal cumple, además de las exigencias didácticas, las propias del lenguaje audiovisual, es decir, no solo trasmite informaciones de tipo cognoscitivo, sino también sensaciones, emociones y experiencias.
Es innegable que vincular el estudio de una obra literaria a otros textos referidos a ella o que tienen puntos concomitantes con ella, vale decir, intertextualizar la obra literaria objeto de estudio, permite un aprendizaje más eficaz y duradero. Y cuando los textos, las obras, con las que ese texto se vincula son también artísticas, existen más posibilidades de provocar en el alumno las sensaciones, las emociones, que el disfrute estético supone y requiere. Esto se traduce en una aceptación mayor del contenido de enseñanza y, en consecuencia en un mayor interés en la lectura inteligente y placentera de la literatura. Así, el texto literario que es por excelencia el que atrapa, el que conquista, el que hace perder a veces las coordenadas del tiempo y el lugar, deberá ser el que conduzca a los estudiantes a elevar el interés por la lectura.
La posibilidad de emplear imágenes que tiene todo producto televisivo constituye un acicate para la lectura. Piénsese en el beneficio que reporta al espíritu y al intelecto la buena graficación de un texto poético, o de cualquier texto, literario o no; piénsese en la cantidad de información auditiva y visual que puede recibir un estudiante en torno al autor de una determinada obra, a las circunstancias en que la creó; piénsese en los buenos modelos de lectura en voz alta que puede tener el alumnado por medio de la televisión. Piénsese en lo que beneficia el interés por acercarse decididamente a Neruda, por ejemplo, cuando su estudio se vincula con la película El cartero de Neruda; piénsese en lo que reporta al estudio de La Ilíada el apoyo de los numerosos y excelentes documentales sobre la Grecia antigua de los que hoy se dispone; piénsese en lo que significa estudiar el Romanticismo con el apoyo de las imágenes de pintores y arquitectos de la época, y con la música y las imágenes de Beethoven, Chopin, Liszt, por citar solo algunos ejemplos.
Pero solamente bien tratados estos materiales, bien empleados, pueden surtir el efecto esperado. Ello supone la aplicación de procedimientos que apelen a la trasmisión de sensaciones, de emociones, extraídas de las diferentes situaciones presentes en los textos objeto de estudio, y lleguen al intelecto y al corazón de los alumnos con una vitalidad tal que les mueva el interés por hacerlos suyos, por sumarlos a su propia experiencia vital. Es decir, un camino que aleje a la televisión de acabar con la lectura, como reza el mito, y la acerque a la comprensión por parte de los espectadores de la trascendental importancia de la lectura, al convencimiento de que, como acertadamente se ha dicho:
- leer es un instrumento para crear condiciones de vida que nos den más oportunidades de ser felices;
- leer no es una acción, leer es una forma de estar en el mundo;
- leer es aprender a crecer interiormente;
- leer no es devorarnos los libros catalogados en las bibliotecas, es permitir que los libros des-cataloguen nuestros paradigmas y nos den alternativas de vida.[4]
BIBLIOGRAFÍA
-Álvarez Álvarez, Luis: ²La lectura: ¿Pasividad o Dinamismo?” En: Educación, No. 89, septiembre-diciembre, 1996. Segunda época. La Habana. Cuba.
-Barreto Gelles, Iván y Pedro Hernández H.:“Educación y televisión: una opción para la labor de los maestros” En: Hacia una educación audiovisual. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2002
-Bernal Pinilla, Luis Darío: Degustando la lectura . Ministerio de la Cultura. Publicaciones Monfort, c.a., Venezuela, 2005..
-Henríquez Ureña, Camila: Invitación a la lectura . Editorial Pueblo y Educación,
La Habana, 1964.
-Moreno Arteaga, Jorge: ²De la didáctica de la Literatura a la transmisión de la Literatura: Reflexiones para una nueva educación literaria?. http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/didactic.html
-Nieto, Adelaida: ?¿Se le hubieran quemado las alas a Ícaro si supiera leer?? Conferencia. 5to. Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro. Buenos Aires, 2002.
-Pilia de Assunçao: ²La problemática de la lectura?. Ponencia http://www.lectura-[5]curza.com.ar/articulos8.htm
[1] Periódico Granma, 4 de marzo de 1985, La Habana, Cuba
[2] Apud: ¡Hay que leer! ¿Hay que leer?
[3] Idem
[4] Nieto, Adelaida: ?¿Se le hubieran quemado las alas a Ícaro si supiera leer?? Conferencia. 5to. Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro.