Por: M Sc. Ivonne González Marchante
Gertrudis Gómez de Avellaneda nació en Camagüey, el 23 de marzo de 1814 y muere en Madrid en febrero de 1873. Conocida como "Tula" o bajo su seudónimo "La Peregrina ", fue representante del movimiento romántico cubano y precursora de la novela antiesclavista (Sab), defensora del papel social de la mujer. Autora de piezas teatrales que despertaron la admiración del público, la crítica especializada y otros dramaturgos, la Avellaneda consagró una de las principales aristas de su talento a la escena
E
n su producción dramatúrgica figuran entre otras famosas obras Flavio Recaredo, Baltasar, Saúl, Oráculos de Talía, La hija de las flores, La verdad vence apariencias y Simpatía y antipatía. Tula utilizó igualmente de forma extraordinaria los recursos líricos. Al partir -estremecedor soneto de despedida de la patria en 1836- y A la memoria del célebre poeta cubano D. José María Heredia, forman parte de sus más impactantes poemas.
Su trayectoria en la narrativa dejó asimismo muestras de sobresalientes valores, como Sab, Dos mujeres y Guatimozin, el último emperador de Méjico. El fértil intelecto de Gertrudis Gómez de Avellaneda fructificó, además, en el periodismo, en el que desempeñó su labor cumbre en las funciones de fundadora, directora y redactora principal de Álbum Cubano de lo Bueno y lo Bello, revista literaria defensora de las ideas femeninas y de fuerte apoyo al trabajo periodístico ejercido por mujeres.
Son importantes sus novelas Guatimozín, último emperador de México (1846) o El cacique de Turmequé (1860). Su poesía gira en torno al amor desdichado y pesimista, característica observable en algunos de sus sonetos más conocidos: A partir, A él, A la poesía, publicados antes de 1841 y recogidos en un libro de poemas en 1851. En el teatro, pretendió fundir la tragedia clásica con el drama romántico pero sin caer en los excesos de éste, como en los dramas operísticos Saúl (1849) o Baltasar (1858).
Su vida estuvo marcada por las desgracias: el fallecimiento de su padre y un casamiento apresurado de su madre la hicieron dejar su país y viajar a Europa, donde conoció a Victor Hugo, Chateaubriand y Lord Byron. Siempre contó con el apoyo de escritores como José Zorrilla, Fernán caballero, José de Espronceda, Alberto Lista, también recibió las críticas de personajes como Marcelino Menéndez Pelayo, que impidió que entrara en la Real Academia Española.
En 2014 se celebra el bicenteanrio de su nacimiento y se dedicará el Concurso Nacional de Ortografía a recordar su obra.
Algunos fragmentos representativos de susu obras:
Al Partir
A...
A mi jilguero
A una mariposa
Imitación de Petrarca
A la muerte del célebre poeta cubano don José María Heredia
Al Partir
¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!
¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo,
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente.
Voy a partir… La chusma diligente
para arrancarme del nativo suelo
las velas iza y pronta a su desvelo
la brisa acude de tu zona ardiente.
¡Adiós, patria feliz!, ¡Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído.
Ah, que ya cruje la turgente vela,
el ancla se alza, el buque estremecido
las olas corta y silencioso vuela.
A…
No existe lazo ya; todo está roto;
plúgole al cielo así; ¡Bendito sea!
Amargo cáliz con placer agoto:
mi alma reposa al fin: nada desea.
Te amé, no te amo ya: piénsolo al menos:
¡Nunca si fuere error la verdad mire!
¡Que tantos años de amargura llenos
trague el olvido, el corazón respire!
Lo has destrozado sin piedad: mi orgullo
una vez y otra vez pisaste insano;
mas nunca el labio exhalará un murmullo
para acusar tu proceder tirano.
De grandes faltas vengador terrible
dócil llenaste tu misión, ¿lo ignoras?
No era tuyo el poder que irresistible
postró ante tí mis fuerzas vencedoras.
Quísolo Dios y fue: gloria a su nombre;
Todo se terminó: recobro aliento;
¡Ángel de las venganzas! Ya eres hombre.
Ni amor ni miedo al contemplarte siento.
Cayó tu cetro, se embotó tu espada…
Mas ¡ay! ¡Cuan triste libertad respiro!
Hice un mundo de ti que hoy se anonada,
Y en honda y vasta soledad me miro.
¡Vive dichoso tú! Si en algún día
ves este adiós que te dirijo eterno,
sabe que aun tienes en el alma mía
generoso perdón, cariño tierno.
A mi jilguero
No así las lindas alas
abatas jilguerillo
desdeñando las galas
de su matiz sencillo.
No así guardes cerrado
ese tu ebúrneo pico,
de dulzuras colmado,
de consonancias rico.
En tu jaula preciosa
¿qué falta a tu recreo?
Mi mano cariñosa
previene tu deseo:
Festón de verdes hojas
tu reja adorna y viste.
¡Mira que ya me enojas
con tu silencio triste!
No de ingrato presumas
recobra tu contento,
riza las leves plumas,
da tus ecos al viento.
Mas no me escucha,
que tristemente
gira doliente
por su prisión.
Troncha las hojas,
pica la reja,
luego se aleja
con aflicción.
Ni un solo trino
su voz exhala
mas bate el ala
con languidez;
y tal parecen
sus lindos ojos
llorar enojos
de la viudez
Yo conozco, infelices,
lo que tu voz suspende…
¡Tu silencio lo dice!
¡Mi corazón lo entiende!
No aspiras los olores
del campo en que has nacido…
No encuentras tus amores…
No ves tu dulce nido.
Yo tu suerte deploro…
¡Por triste simpatía,
cuando tu pena lloro,
lloro también la mía!
Que triste, cual tú, vivo
por siempre separada
de mi suelo nativo…
¡De mi Cuba adorada!
No ya, jilguero mío,
veré la fértil vega
que el Tínima sombrío
con sus cristales riega;
ni en las tardes serenas
- tras enriscados montes -
disipará mis penas
la voz de los sinsontes.
No harán en mis oídos
arrullo al blando sueño
sus arroyos queridos
con murmullo halagüeño.
No verá el prado
que vio otro día
la lozanía
de mi niñez,
los tardos pasos
que marque incierta
mi planta yerta
por la vejez.
Ni la campana
dulce, sonora
que dio la hora
de mi natal,
sonará lenta
y entristecida
de aquesta vida
mi hora final.
El sol de fuego,
la hermosa luna,
mi dulce cuna.
mi dulce hogar…
Todo lo pierdo,
desventurada!
Ya destinada
sola a llorar.
¡Oh pájaro! pues que iguales
nos hacen hados impíos,
mientras que lloro tus males,
canta tú los llantos míos.
De tu cárcel la dureza
se ablandará con tu lloro,
y endulzarás mi tristeza
con ese pico de oro.
Pero ¡qué! ¿cantar rehúsas,
cual condenando mi anhelo,
y aún parece que me acusas
de ser causa de tu duelo?
¿No es igual mi cruda pena
a la que te agobia impía?
No nos une la cadena
de una tierna simpatía?
"No, porque en extraña tierra
"tus cariños te han seguido
"y allí la patria se encierra
"do está el objeto querido.
"De una madre el dulce seno
"recibe tu acerbo llanto,
"y yo, de consuelo ajeno
"solo lloro y solo canto.
"Eres libre, eres amada,
"¡yo solitario y cautivo…,
"preso en mi jaula dorada,
"para divertirte vivo!
"¡Ah! no, pues, mujer ingrata,
"no te compares conmigo…
"tu compasión me maltrata
"y tu cariño maldigo."
Esto me dicen tus ojos,
esto tu silencio triste…
¡Ya comprendo tus enojos!
¡Ya, jilguero, me venciste!
Libertad y amor te falta;
¡libertad y amor te doy!
¡Salta, pajarillo, salta,
que no tu tirana soy!
Salida franca
ya tienes, mira,
goza, respira…
libre eres ya.
Torna a tu campo,
torna a tu nido,
tu bien perdido
te espera allá.
¡Mas no me olvides
y a mi ventana
llega mañana
saliendo el sol!
¡Que yo te escuche
sólo un momento,
libre y contento,
cantar tu amor!
A una mariposa
Hija del aire, nívea mariposa,
que de luz y perfume te embriagas
y del jardín al amaranto vagas,
como del lirio a la encendida rosa;
Tú que te meces cándida y dichosa
sobre mil flores que volando halagas,
y una caricia por tributo pagas
desde la más humilde a la orgullosa:
Sigue, sigue feliz tu raudo vuelo.
Placer fugaz, no eterno solicita
que la dicha sin fin sólo es el cielo:
Fijar tu giro vagaroso evita,
que la más bella flor que adorna el suelo
brilla un momento y dóblase marchita.
Imitación de Petrarca
No encuentro paz, ni me conceden guerra,
de fuego devorado tengo frío,
abrazo al mundo y quédome vacío,
me lanzo al cielo y préndeme la tierra.
Ni libre soy, ni la prisión me encierra,
veo sin luz, sin luz hablar ansío,
temo sin esperar, sin placer río,
nada me da valor, nada me aterra.
Buscó el peligro cuando auxilio imploro,
al sentirme morir me encuentro fuerte,
valiente pienso ser y débil lloro.
Juguete soy, con tan extraña suerte,
de una belleza a quien ardiente adoro,
que no quiere mi vida ni mi muerte.
A la muerte del célebre poeta cubano don José María Heredia
"Le poéte est semblable aux oiseaux de passage
Qui en battisent pour leur nid sur le rivage."
Lamartine
¡Voz pavorosa en funeral lamento,
desde los mares de mi patria vuela
a las playas de Iberia! Tristemente,
en son confuso la dilata el viento;
el dulce canto en mi garganta hiela,
y sombras de dolor viste a mi mente.
¡Ay! que esa voz doliente,
con que su pena América denota
y en estas playas lanza el oceano,
-Murió- pronuncia el férvido patriota…
-Murió- repite el trovador cubano,
y un eco triste en lontananza gime;
¡Murió el cantor del Niágara sublime!
¿Y es verdad? ¿y es verdad? ¿la muerte impía
apagar pudo con un soplo helado
el generoso corazón del vate,
do tanto fuego de entusiasmo ardía?
¿No ya amor, se enciende, ni agitada
de la virtud al nombre late?
Bien cual cede al embate
del aquilón sañoso el roble erguido,
así en la fuerza de la edad lozana
fue por el fallo del destino herido:
astro eclipsado en su primer mañana,
sepúltanle las sombras de la muerte,
y en luto Cuba su placer convierte.
¡Patria! ¡numen feliz! ¡nombre divino!
¡Ídolo puro de las nobles almas!
¡Objeto dulce de su eterno anhelo!
Ya enmudeció tu cisne peregrino…
¿Quien cantará tus brisas y tus palmas,
Tu sol de fuego, tu brillante cielo?
Ostenta, sí, tu duelo,
que en ti robó su venturosa cuna,
por ti clamaba en el destierro impío
y hoy condena la pérfida fortuna
a suelo extraño su cadáver frío,
do tus arroyos ¡ay! con su murmullo
no darán a su sueño blando arrullo.
¡Silencio! De los hados la fiereza
no recordemos en la tumba helada
que le defiende de la injusta suerte;
ya reclinó su lánguida cabeza
de genio y desventuras abrumada,
en el inmóvil seno de la muerte.
¿Que importa al polvo inerte
que torna a su elemento primitivo,
ser en este lugar o en otro hollado?
¿Yace con él el pensamiento altivo?…
Que el vulgo de los hombres, asombrado
tiemble al alzar la eternidad su velo;
mas la patria del genio está en el cielo.
Allí jamás las tempestades braman,
ni roba al sol su luz la noche oscura,
ni se conoce de la tierra el lloro:
allí el amor y la virtud proclaman
espíritus vestidos de luz pura,
que cantan el Hosanna en arpas de oro.
Allí el raudal sonoro
sin cesar corre de aguas misteriosas
para apagar la sed que enciende el alma;
sed que en sus fuentes pobres, cenagosas,
nunca este mundo satisface o calma;
allí jamás la gloria se mancilla,
y eterno el sol de la justicia brilla.
¿Y qué, al dejar la vida, deja el hombre?
El amor inconstante, la esperanza,
engañosa visión que lo extravía;
tal vez los vanos ecos de un renombre
que con desvelo y con dolor alcanza:
El mentido poder, la amistad fría.
Y el venidero día,
cual el que expira breve y pasajero,
al abismo corriendo del olvido:
el placer cual relámpago ligero
de tempestades y pavor seguido;
y mil proyectos que medita a solas,
fundados ¡ay! sobre agitadas olas.
De verte ufano, en el umbral del mundo
el ángel de la hermosa poesía
te alzó en sus brazos y encendió tu mente,
y ahora lanzas, Heredia, el barro inmundo
que tu sublime espíritu oprimía,
y en alas vuela de tu genio ardiente.
No más, no más lamente
destino tal nuestra ternura ciega
ni la importuna queja al cielo suba.
¡Murió! A la tierra su despojo entrega,
su espíritu al Señor, su gloria a Cuba:
que el genio, como el sol, llega a su ocaso,
dejando un rastro fúlgido a su paso.