Isla sorpresa

      Las islas tienen formas muy curiosas. Al observarlas en un mapa, nos sorprenden: una semeja un cocodrilo con la boca abierta al sol; otra un mango mordido por un niño, y otra, una orquídea abierta.

     Algunas poseen la forma de las personas que las habitan: una niña dormida sobre la hierba, una mujer con flores en el cabello, y más allá, un maquinista con su gorra.

     Entre las más pequeñas hay algunas caprichosas: un panal de abejas, un elefante parado sobre la trompa, un acordeón desinflado, una piñata de cumpleaños, un zunzún asomado a una flor, una bota con un agujero en la suela, y así muchas.

     La que jamás se ha sabido qué figura tiene es la Isla de Fuego (también conocida como Isla Nube). No se trata de una isla con volcanes ni tampoco elevada hasta el cielo, sino que, como las nubes o el fuego, cambia constantemente de forma.

     Desde tiempos muy remotos, sus habitantes han tenido la costumbre de viajar por el mundo y regresar con tierra de otros países. La costumbre se hizo ley y hoy cada turista debe pagar su entrada con un puñado de tierra.

     De esta manera la Isla de Fuego (o Nube) tiene desde arena del desierto del Sahara, piedras de las murallas chinas, hasta pequeños granos de roca lunar que trajo un cosmonauta. 

     La tierra no se amontona dondequiera. Se va depositando ordenadamente en ciertos lugares de las costas para darle la forma deseada a la isla. Los artistas de allí se encargan de eso.

     Ya se conoce que para el próximo año, Fuego o Nube aparecerán en los mapas como un caballo a galope tendido.

     Cada año el mundo entero se sorprende con la nueva figura y ayuda a los fueguinos (o nubinos, da igual) a construirse una isla diferente, pero siempre la misma.

Cuento de Omar Felipe Mauri

Comentarios


Deja un comentario