Literatura y poesía en la trova cubana.
El profesor Guillermo Rodríguez Rivera, de la Universidad de La Habana, realizó un artículo donde define muy bien la trayectoria artística de la poesía cantada en Cuba, ahora te presentamos un fragmento para que analices que este no es un fenómeno exclusivo de hace 50 años.
Literatura y poesía en la trova cubana
“« Hay que decir que la canción trovadoresca cubana ha desarrollado un fuerte vínculo con el arte de la palabra. Tan largo, que se remonta a sus orígenes mismos. »
« Tal vez ninguna canción trovadoresca cubana pueda reclamar tan claramente la condición de fundadora como "La bayamesa", cuya composición se sitúa en torno a 1850, esto es, prácticamente en los albores de la definitiva integración de la nación cubana. Su autoría es de Francisco del Castillo, quien musicalizó los versos especialmente escritos para la canción por el poeta José Fornaris, a petición del abogado y poeta bayamés Carlos Manuel de Céspedes, el jefe del alzamiento independentista del 10 de octubre de 1868, y a quien los cubanos llamamos "Padre de la Patria" »
.
José Fornaris inaugura así, en el alba misma de la trova cubana, una colaboración entre músicos y poetas que tendrá larga vida.
El Cucalambé[2] concretó un legado invalorable para nuestra literatura y nuestra música: el definitivo acomodo de la décima, la estrofa fijada en 1591 por el rondeño Vicente Espinel, como estrofa central de la poesía y la música campesinas cubanas, pero usada también en otras manifestaciones de la rica tradición musical de la Isla, como el guaguancó y el son montuno, y acogida asimismo por los compositores de la Nueva Trova[1].
En los inicios del siglo XX, momento de auge de la canción trovadoresca tradicional cubana, son varios los poetas que proporcionan textos destinados a convertirse en canciones famosas.
Muchos de los más importantes trovadores cubanos usaron poemas ajenos para hacer sus canciones. Un bolero trovadoresco tan memorable como "« La tarde »
", de Sindo Garay, se apoya en unos versos de la poetisa portorriqueña Lola Rodríguez de Tió, quien residió en Cuba y quedó inmortalizada por una sola redondilla que hemos repetido incansablemente cubanos y boricuas:
Cuba y Puerto Rico son
de un pájaro las dos alas:
reciben flores y balas
en el mismo corazón.
Un fenómeno como el metro[3], de los que tantos poemas contemporáneos en español prescinden en favor del versículo[4], resulta generalmente necesario cuando el texto del poema va a insertarse en compases musicales.
La rima es también enormemente útil para la difusión oral. Ella es una forma de retorno, de vuelta (no olvidar que ese es el origen de la palabra verso). Ella implica una repetición, el regreso de una sonoridad que va guiando la recepción del que escucha, y que le garantiza una regularidad que resulta enormemente útil cuando el poema escuchado se pierde en el aire tras su ejecución y no hay lector que pueda "volver la página" (porque tampoco hay página que volver), para precisar algo.
De ahí que la poesía de estribillo haya sido esencial en la puesta en música de poemas. Creo que ello se debe a que la poesía de estribillo ha partido siempre de la poesía oral, generalmente concebida para ser cantada. Y no está de más recordar, ahora, que poesía y música surgen unidas. La primera poesía que conocemos en occidente es la lírica griega, llamada así por el instrumento con el que se cantaba. Desde hace mucho tiempo la lira es un recuerdo filológico. Pero, de pronto, reaparece en la memoria de los poetas. La recuerda y la reclama José María Heredia en el comienzo de su "Oda al Niágara" que estudiaste en 10 grado. Y cuando Antonio Machado escribe un homenaje en la muerte de su maestro Rubén Darío, no encuentra nada mejor que decir que estos versos:
Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira y esta inscripción no más:
nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.
Del mismo modo que el término « "cantar" o "canto" »
vive en la memoria histórica de los poetas, en su inconsciente, aunque ya solo escriban.







