“Los motivos o propósitos de lectura”

 

Toda lectura responde a determinadas necesidades y a particulares intenciones. Se lee para informarse, documentarse, entretenerse. Se lee por indicación de otros, por sugerencia o recomendación. Se lee también por iniciativa propia.

 

La lectura puede ser considerada como un medio y como un fin. Se suele considerar la lectura como medio cuando es valorada como una herramienta a través de la cual se obtienen conocimientos; entonces, es vista como un instrumento en el proceso de formación del ser humano. Y será valorada como fin, cuando se practica más libremente y en función del placer, del recreo.

 

¿Qué finalidades podemos valorar en la lectura? ¿Desde qué fines u objetivos la practicamos en la escuela? Las respuestas a estas interrogantes se pueden resumirse en las siguientes ideas:

 

  1. La lectura para obtener información, para saber, para conocer.
  2. La lectura para opinar, interactuar.
  3. La lectura para entretenerse, para gozar, para crear, para jugar y para recrearse.

 

Es bueno saber que estas diferentes finalidades se superponen y se complementan y combinan en el proceso de lectura y comprensión, y también es bueno subrayar que un mismo texto es capaz de responder a múltiples necesidades, finalidades u objetivos, según la perspectiva y funcionalidad de su recepción, es decir, de su comprensión.

 

En resumen: leer es ante todo poner a prueba un proceso de planteamiento de hipótesis e interpretación, entendido este último término como “ponerse entre las partes de un texto y aventurarse a explorar diversos caminos de búsqueda (inferencias, hipótesis, corroboración y evaluación) del sentido del texto”.

 

Cuando enfrentamos el proceso de lectura y comprensión de un texto estamos siempre anticipando posibles interpretaciones que son el resultado de saberes y operaciones cognitivas de diversa índole: los saberes que arrastra el lector y que son el resultado de su experiencia vital ante la vida y los saberes que contiene el texto. Ambos entran en un complejo proceso de relación para que quien lee pueda elaborar “el tejido de significaciones” que constituye la comprensión. En esa actividad se da lo que Umberto Eco -escritor italiano, investigador de estas teorías- denomina “cooperación entre el texto y el lector”[1]. De ahí, entonces, que en el proceso de comprensión de un texto escrito entren en juego diversos saberes y competencias entre los que intervienen:

 

 

Desarrollar la competencia lectora de los sujetos (entendida la competencia como un saber hacer en contexto, o sea, un saber situado) implica explorar lo que el estudiante sabe hacer con el lenguaje frente al proceso de lectura, comprensión e interpretación del texto escrito. Ello presupone enseñar a los alumnos a interrogar al texto que leen y con el cual se relacionan; y en ese proceso de diálogo con el texto es necesario ubicarse en preguntas claves tales como:

 

 

Al hablar de la competencia lectora como parte de la competencia comunicativa en última instancia, es necesario aclarar que en ella intervienen:

 

 

  1. El reconocimiento del significado de determinadas palabras y expresiones.
  2. La identificación de campos semánticos o agrupaciones de palabras según las relaciones de significados que entre ellas se establecen.
  3. La identificación de un vocabulario específico según sea el tema, el contenido y la tipología del texto (científico, técnico, periodístico, jurídico...)
  4. La identificación de un eje de contenido y de una determinada progresión temática en el texto.
  5. El establecimiento de las relaciones entre los significados de las diferentes partes de un texto y entre diferentes textos (lectura intra e intertextual).

 

 

  1. El reconocimiento de la concordancia entre artículos y sustantivos, entre sustantivos y adjetivos, entre el núcleo del sujeto y el del predicado.
  2. La identificación de la estructura oracional y de los diferentes tipos de oraciones (unimembres, bimembres, simples, compuestas, por la actitud del hablante, impersonales...)
  3. El reconocimiento de recursos estilísticos o expresivos del lenguaje.

 

 

  1. El reconocimiento de determinadas intenciones comunicativas en el texto, o sea, qué se pretende con el escrito.
  2. El reconocimiento y la identificación de aspectos del contexto social, histórico, ideológico, cultural...
  3. El reconocimiento de los registros (formal o informal, culto, coloquial, vulgar...) que refleja el texto y de las variaciones regionales del habla que en él se recogen.
  4. El establecimiento de las relaciones entre los contenidos y las intenciones comunicativas y los significados del contexto sociocultural en que se produce y se lee.

 



[1] Eco, Humberto (1987): Lector in Fabula ... Editorial LUMEN. España.

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