1. Lee detenidamente el siguiente poema, escrito por Rubén Martínez Villena en 1918:
Declaración
En la penumbra del jardín silente
vibró la voz de mi febril anhelo
y el tímido relato de mi duelo
movió tu corazón indiferente.
La voz al cabo se tornó valiente
y al varonil reclamo de mi celo
se volvieron tus párpados al suelo
y sonrojada se dobló tu frente.
Mas tu boca imposible quedó muda.
El “no” que siempre te dictó la duda
abrió apenas la curva purpurina;
y por ahogarla, de pasión obseso,
desfiguré tu boca peregrina
bajo la ruda compresión de un beso.
A partir del texto leído, responde:
a) Explica a qué “duelo” se refiere el poeta.
b) ¿Por qué el poeta desfigura la boca peregrina?
c) Extrae la expresión poética que más te haya impresionado. ¿Cómo clasificarías el recurso expresivo? Interprétala.
d) Selecciona uno de los sintagmas nominales que utiliza el autor para caracterizar a su amada. ¿Qué función sintáctica realiza en el texto?
e) Extrae la cuarta forma verbal y di su modo, tiempo, número y persona.
f) Subraya las dos últimas preposiciones del texto.
g) Realiza el análisis sintáctico de la oración que aparece subrayada en el poema teniendo en cuenta los siguientes aspectos:
- Tipo de oración por la actitud del hablante.
- Tipo de oración por su estructura básica.
- Tipo de oración por la naturaleza de su predicado.
- Sujeto.
- Núcleo del sujeto.
- Predicado.
- Tipo de predicado.
- Núcleo del predicado.
- Complementos verbales (determínalos y clasifícalos)
- Concordancia entre el núcleo del sujeto y la forma verbal.
h) Circula un sustantivo en el texto. Clasifícalo en simple o compuesto, primitivo o derivado, propio o común.
2. Escoge una de las siguientes variantes y escribe tus reflexiones:
- Si tuviera que declarar mi amor a otra persona me gustaría decirle ...
- Si me declararan el amor me gustaría que me dijeran ...
- Esa primera declaración....
3. Dictado:
“De mediana estatura, cuerpo frágil, cabellera tempestuosa de reflejos entre castaños y áureos, palidez con leve tinte rosáceo, nariz venteante, labios finos, mentón partido y manos elocuentes. Pero lo que más sobresalía e impresionaba de su estampa física, eran sus ojos verdes transparentes y taladrantes, verdiazules a veces, ora rojoverdes, según los encandilara el entusiasmo o la indignación. Cuando abría los párpados de improviso, daba la extraña sensación de que se le fugaban un instante de sus órbitas”.
Raúl Roa